Argentina trazó una nueva hoja de ruta para el desarrollo del litio con metas ambiciosas hacia 2035: triplicar su capacidad de producción y posicionarse entre los principales exportadores mundiales de este mineral clave para la transición energética. La estrategia fue presentada en Catamarca, en el marco de un encuentro que reunió a funcionarios, empresarios y especialistas del sector.
Actualmente, la capacidad instalada nacional alcanza las 186.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE). El objetivo oficial es elevar esa cifra hasta unas 650.000 toneladas en la próxima década, con la puesta en marcha de 15 plantas operativas en el país.
Durante el primer semestre de 2025 se produjeron 51.400 toneladas LCE, lo que representó el 57 % de la capacidad total. Para fin de año, se espera que la producción anual oscile entre 115.000 y 140.000 toneladas, consolidando la expansión del sector.
En los últimos diez años, las inversiones acumuladas en la industria del litio sumaron 7.600 millones de dólares. Para alcanzar las metas proyectadas, se requerirá un flujo adicional de 12.800 millones, destinados a poner en marcha 17 nuevos proyectos de los 30 actualmente registrados.
Entre los emprendimientos destacados figuran Sal de Oro y Portezuelo Pastos Grandes (Salta), Sal de Vida, Fénix y HMW (Catamarca), además de desarrollos previstos en Jujuy, como Cauchari y Salinas Grandes.
El plan enfrenta varios desafíos estructurales. Entre ellos, la necesidad de fortalecer la infraestructura energética y logística en el norte argentino, donde se concentra la producción. También preocupa la seguridad jurídica en torno a la aplicación de leyes ambientales, como la Ley de Glaciares y la Ley de Humedales, que impactan directamente en la habilitación de nuevos proyectos.
A nivel internacional, Argentina deberá competir con gigantes del sector como China, Australia y Chile, en un mercado donde el precio de la tonelada de litio fluctúa entre 8.000 y 10.000 dólares, según la calidad y las condiciones de venta.
El litio es considerado una de las claves del nuevo modelo energético global, fundamental para la fabricación de baterías eléctricas y el almacenamiento de energía renovable. Para el país, su desarrollo representa una oportunidad histórica de diversificar exportaciones, impulsar economías regionales y generar empleo de calidad.
El desafío, coinciden los especialistas, será combinar el crecimiento productivo con criterios de sostenibilidad ambiental y previsibilidad normativa que garanticen inversiones de largo plazo.
Fuente: Ámbito/Redacción TE.




