La industria del bioetanol reclamó un marco regulatorio de largo plazo para profundizar inversiones y ampliar la producción

La necesidad de contar con reglas estables para el desarrollo del bioetanol fue uno de los principales ejes de la II Cumbre de Bioetanol, realizada en San Miguel de Tucumán, donde referentes de los principales ingenios del NOA destacaron el potencial de la actividad para generar inversiones, empleo y nuevas oportunidades vinculadas con la transición energética.

Catalina Rocchia Ferro, referente de la Compañía Azucarera Los Balcanes, respaldó el proyecto de ley impulsado por la senadora nacional Patricia Bullrich y destacó especialmente el consenso alcanzado entre la industria azucarera, los productores de maíz, las petroleras y el Gobierno.

“Necesitamos una ley de biocombustibles que nos dé estabilidad económica por los próximos 15 años”, sostuvo la empresaria, quien consideró que la previsibilidad resulta fundamental para una industria que requiere inversiones de largo plazo.

Rocchia Ferro señaló que el acuerdo alcanzado entre los distintos actores constituye un punto de inflexión para la actividad sucroalcoholera. Según explicó, durante los últimos tres años alrededor del 30% de la caña de azúcar se destinó a la producción de etanol, actividad que representa aproximadamente el 30% de las ventas brutas del sector.

Los números reflejan además la expansión registrada en los últimos años. La superficie cultivada con caña en Tucumán creció un 50% en los últimos 15 años, mientras que la producción de etanol pasó de aproximadamente 200 millones a 600 millones de litros.

En ese período, de acuerdo con Rocchia Ferro, el sector realizó inversiones superiores a los US$800 millones. “Hay voluntad de seguir adelante”, afirmó.

Los Balcanes, fundado en 1994, administra actualmente más de 23.000 hectáreas de cañaverales y procesa cerca de una cuarta parte de la caña producida en Tucumán, con una fuerte participación en la producción nacional de bioetanol y energía renovable.

El aumento del corte y la discusión por la rentabilidad

Uno de los puntos centrales del debate es la posibilidad de elevar el corte obligatorio de bioetanol. Rocchia Ferro sostuvo que un incremento de los volúmenes podría incentivar nuevas ampliaciones industriales, aunque advirtió que las inversiones dependerán de la rentabilidad y de la capacidad instalada de cada empresa.

También se refirió al esquema de precios contemplado en el proyecto, vinculado con la paridad de importación. Si bien evitó anticipar cuál podría ser la rentabilidad futura bajo un esquema de mayor competencia, consideró esa referencia como un parámetro razonable para el sector.

Para la empresaria, sin embargo, el principal avance radica en el consenso alcanzado. Remarcó que es la primera vez desde la implementación del régimen de biocombustibles de 2006 —e incluso desde experiencias anteriores como el Plan Alconafta— que los principales sectores involucrados logran acordar una hoja de ruta común.

El bioetanol también cumple un papel estratégico para la industria azucarera al permitir retirar excedentes de azúcar del mercado interno y transformarlos en energía, diversificando así los ingresos de los ingenios.

Inversiones y eficiencia en los ingenios del NOA

Durante la cumbre, otros referentes empresarios expusieron los proyectos que actualmente desarrolla el sector.

José Alarcón, del Ingenio Seaboard de Salta, destacó que la compañía produce bioetanol desde 2009 y posteriormente incorporó una nueva línea de etanol deshidratado, finalizada en 2017. Consideró positivo el nuevo esquema regulatorio porque permitiría combinar competencia con previsibilidad y generar incentivos para incorporar tecnología y mejorar la eficiencia.

Desde Ledesma, Matías Rosselli puso el foco en el aprovechamiento de la biomasa. El complejo cuenta con una central termoeléctrica de 90 MW y avanzó en la utilización de la malhoja, el residuo vegetal que queda después de la cosecha de caña, como combustible para sus calderas.

Gracias a esa estrategia, la participación de fuentes renovables en la matriz energética de la compañía pasó del 38% al 50%. La utilización de residuos agrícolas también aparece como una oportunidad frente al crecimiento de nuevos mercados, como el de los combustibles sostenibles de aviación (SAF).

Rosselli destacó además la importancia de las certificaciones ambientales y de procesos para acceder a mercados internacionales cada vez más exigentes. Ledesma trabaja actualmente con estándares como ISO 9001, SMETA y FSC y mantiene, además, programas de conservación sobre unas 100.000 hectáreas de bosques nativos en Jujuy.

Azúcar, etanol y exportaciones

Santiago Blaquier, quien adquirió el Ingenio Concepción en diciembre pasado, destacó la competitividad de la caña tucumana y la posibilidad de diversificar la producción entre tres grandes mercados.

Según explicó, cerca del 50% de la producción se destina al mercado interno de azúcar, entre un 25% y un 30% al bioetanol y otro porcentaje similar a las exportaciones.

Blaquier señaló además el potencial de Chile como destino para el azúcar argentino. El país vecino consume alrededor de 650.000 toneladas anuales y, tras el cierre de su última planta productora a partir de remolacha, deberá aumentar sus importaciones.

El empresario también estimó que la cadena azucarera argentina dejó de capturar entre US$200 millones y US$400 millones anuales durante los últimos años debido a ineficiencias comerciales, logísticas y productivas.

La caña como plataforma energética

Sebastián Budeguer, del Ingenio Leales, presentó por su parte desarrollos orientados al aprovechamiento integral de la caña. Entre ellos se encuentra una tecnología para recolectar malhoja directamente desde la planta y utilizarla tanto como combustible para calderas como para alimentación animal.

Además del azúcar y el bioetanol, el sector identifica oportunidades en la generación eléctrica, nuevos productos industriales, el aprovechamiento del dióxido de carbono de origen renovable y los combustibles de nueva generación.

Para los empresarios reunidos en Tucumán, el bioetanol dejó de ser un complemento de la producción azucarera para convertirse en una pieza estratégica de la transición energética.

El sector sostiene que una nueva ley, con mayores cortes y un horizonte regulatorio de largo plazo, podría acelerar inversiones, incrementar la producción y generar empleo, al mismo tiempo que permitiría diversificar la matriz energética argentina y profundizar el aprovechamiento de la biomasa.

Fuente: Ámbito / Redacción TE.

Ultimas Noticias
-Publicidad-spot_img
-Publicidad-spot_img
Noticias relacionadas