La inteligencia artificial está transformando la manera en que las empresas desarrollan software, organizan sus equipos y buscan nuevos perfiles profesionales. En Argentina, el interés por incorporar estas herramientas continúa creciendo: el 98% de las organizaciones aumentó su interés por la IA durante el último año, aunque seis de cada diez ejecutivos consideran que su adopción está avanzando demasiado rápido.
Los datos corresponden al CIO Report 2026 de Logicalis y reflejan uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente el sector tecnológico: aprovechar las capacidades de la inteligencia artificial sin perder control sobre los procesos, la información utilizada y las decisiones que toman los sistemas.
Durante años, uno de los principales obstáculos de la industria fue la falta de programadores frente a una transformación digital que avanzaba a mayor velocidad que la formación de nuevos profesionales. La respuesta habitual de las compañías era ampliar sus equipos, pero la irrupción de la IA comenzó a modificar ese modelo.
Las nuevas herramientas no solo permiten acelerar la escritura de código, sino también automatizar procesos y distribuir tareas entre personas y agentes de inteligencia artificial. De esta manera, equipos más pequeños pueden alcanzar niveles de producción que anteriormente requerían estructuras considerablemente mayores.
Sin embargo, una mayor capacidad para producir software no necesariamente garantiza mejores resultados. Con la reducción de los tiempos de desarrollo, el desafío pasa cada vez más por determinar qué soluciones construir, cómo integrarlas a los procesos existentes y de qué manera medir su impacto sobre el negocio.
En ese escenario comenzó a ganar protagonismo el denominado Forward Deployed Engineer (FDE), un perfil que combina capacidades técnicas con conocimiento del producto y comprensión de las necesidades empresariales.
A diferencia de un desarrollador tradicional, el FDE trabaja cerca del cliente para identificar un problema, traducirlo en una solución tecnológica y acompañar su implementación dentro de la organización. Entre sus funciones puede encontrarse la integración con sistemas existentes, la definición de tareas que pueden delegarse a agentes de IA y la determinación de aquellas que requieren supervisión humana.
“La inteligencia artificial está redefiniendo no solo cómo se desarrolla software, sino también los perfiles que demanda la industria. En este contexto surge el FDE, un rol híbrido que combina conocimiento técnico, comprensión del negocio y capacidad de implementación, con foco en resultados”, explicó Gastón Gugliotta, CEO de Streambe.
Según el ejecutivo, este nuevo perfil permite acelerar los desarrollos, acercar las áreas de negocio y tecnología, medir el impacto concreto de las soluciones y aportar criterio frente a la incertidumbre que todavía rodea a muchas implementaciones de inteligencia artificial.
Equipos híbridos y el desafío de controlar la IA
Otro de los cambios impulsados por esta tecnología es la aparición de equipos híbridos, integrados por profesionales y agentes de IA que se distribuyen diferentes tareas dentro de un mismo proyecto.
El esquema puede reducir costos y tiempos de ejecución, pero también obliga a las empresas a establecer qué funciones puede realizar cada agente, qué información tiene disponible, cómo se controlan sus resultados y quién conserva la responsabilidad final sobre las decisiones.
En este contexto, la gobernanza de la inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar central. La velocidad de adopción contrasta con las dudas existentes entre los propios ejecutivos sobre la capacidad de las organizaciones para supervisar correctamente estas tecnologías.
Streambe busca aplicar este modelo mediante la combinación de perfiles FDE y Géntica Studio, una plataforma orientada a la gobernanza de agentes de IA. La herramienta permite coordinar equipos conformados por personas y sistemas inteligentes, realizar un seguimiento de las tareas y vincular el trabajo con indicadores del negocio.
“Con IA, gobernanza y nuevos roles trabajando en conjunto, se pueden armar equipos significativamente más chicos sin perder capacidad de entrega”, señaló Gugliotta.
Según el CEO de la compañía, proyectos que anteriormente demandaban equipos numerosos y presupuestos iniciales cercanos a los US$100.000 pueden actualmente resolverse con menores inversiones y en períodos más cortos.
“Es un cambio de paradigma: pasar de sumar personas a multiplicar capacidades; de escalar por cantidad a escalar por inteligencia”, resumió.
La transformación también modifica la manera de evaluar los proyectos tecnológicos. La cantidad de desarrolladores o las horas destinadas a escribir código comienzan a perder protagonismo frente a indicadores relacionados con el tiempo necesario para resolver un problema, el nivel de automatización alcanzado y el impacto concreto de la solución.
Nuevas habilidades para el talento tecnológico
El avance de la IA también empieza a modificar la formación de los futuros profesionales. Las empresas necesitan cada vez más personas capaces no solo de programar, sino también de orientar, supervisar y evaluar sistemas inteligentes.
Esta tendencia forma parte de Generación T, una iniciativa educativa que desde 2022 alcanzó a más de 25.000 estudiantes secundarios y busca vincularlos con el mundo de la tecnología y la inteligencia artificial.
“El perfil del talento actual ya no es puramente técnico; requiere una mirada general, estratégica y analítica. Los chicos tienen que saber cómo guiar a la IA y tener el criterio para evaluar sus resultados”, señalaron desde el programa.
La expansión de la inteligencia artificial, de esta manera, no elimina la necesidad de talento tecnológico, sino que modifica las habilidades más valoradas por las organizaciones.
“En la era de la IA, el recurso escaso ya no es la capacidad de escribir código, sino la capacidad de convertir tecnología en impacto de negocio. Ese es el rol del FDE”, concluyó Gugliotta.
Fuente: InfoSerTecla / Redacción TE.




