El sector nuclear argentino atraviesa una etapa de redefinición a partir de la decisión del Gobierno Nacional de habilitar el ingreso de capital privado en Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA). El nuevo esquema contempla la transferencia de hasta el 44% de las acciones de la compañía y apunta a obtener financiamiento para modernizar la infraestructura existente y extender la vida útil de las centrales.
El cambio se produce en un escenario internacional en el que la energía nuclear recuperó protagonismo como fuente capaz de proporcionar generación eléctrica constante y con bajas emisiones de carbono, complementando a tecnologías renovables cuya producción depende de condiciones climáticas.
Argentina cuenta con una extensa trayectoria en el sector. Desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950, el país desarrolló un entramado científico, tecnológico e industrial del que forman parte compañías como INVAP y Nucleoeléctrica Argentina.
Actualmente, las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse aportan en conjunto alrededor del 7% de la electricidad generada en el país, consolidando a la energía nuclear como uno de los componentes estables del Sistema Argentino de Interconexión.
El nuevo escenario comenzó a tomar forma a partir de la Ley de Bases y Puntos de Partida N° 27.742, que declaró a Nucleoeléctrica Argentina como empresa sujeta a privatización. El proceso fue posteriormente complementado por el Decreto 695/25 del Poder Ejecutivo Nacional y la Resolución 1751/25 del Ministerio de Economía.
El esquema establecido contempla transferir al sector privado hasta un 44% del paquete accionario mediante una licitación pública. El Estado Nacional mantendrá el 51% del capital social y los derechos de voto, conservando así el control sobre las decisiones estratégicas de la compañía.
Los fondos obtenidos mediante el proceso de capitalización tendrán como uno de sus principales destinos la infraestructura nuclear actualmente en funcionamiento.
Entre las prioridades se encuentra el proyecto de Extensión de Vida Útil de la Central Nuclear Atucha I, cuyo avance técnico supera el 50%. También se prevé financiar la ampliación del Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II) correspondiente a Atucha II.
Para los potenciales inversores, el esquema abre la posibilidad de participar de una empresa vinculada con aproximadamente el 7% de la generación eléctrica argentina y cuyos activos forman parte de la infraestructura estratégica del sistema energético nacional.
Un nuevo esquema para la expansión nuclear
La estrategia representa además un cambio respecto del modelo utilizado durante administraciones anteriores para ampliar la capacidad nuclear del país.
Los acuerdos con la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) para avanzar con una cuarta central fueron discontinuados, dejando atrás, al menos bajo el esquema previsto originalmente, un proyecto de gran escala respaldado por financiamiento estatal.
El nuevo enfoque busca generar condiciones para que consorcios privados puedan presentar alternativas tecnológicas y financieras para una eventual expansión del parque nuclear argentino. Entre las posibilidades aparecen tecnologías basadas en reactores de agua ligera y uranio enriquecido.
El giro se produce mientras el proyecto argentino CAREM 25, diseñado como un reactor modular de baja potencia, mantiene sus obras civiles en pausa.
En paralelo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aparece como una de las herramientas mediante las cuales el Gobierno pretende atraer capital para futuros proyectos vinculados con la cadena nuclear.
En ese escenario ya comenzaron a surgir manifestaciones de interés de empresas internacionales. La estadounidense Nano Nuclear Energy planteó oportunidades de inversión vinculadas con Dioxitek y con el procesamiento de uranio en Argentina, con la perspectiva de fortalecer la cadena local y eventualmente abastecer mercados internacionales.
La energía nuclear vuelve al centro de la discusión global
La búsqueda argentina de inversiones coincide con un renovado interés internacional por la generación nuclear, impulsado en parte por el fuerte incremento proyectado en la demanda de electricidad.
Uno de los factores que comenzó a modificar las perspectivas del sector es la expansión de los centros de datos necesarios para el desarrollo y funcionamiento de sistemas de inteligencia artificial.
En Estados Unidos, grandes compañías tecnológicas comenzaron a buscar contratos energéticos de largo plazo que aseguren generación permanente. Microsoft, por ejemplo, avanzó en un acuerdo que permitirá respaldar la reapertura de una unidad del complejo nuclear Three Mile Island para abastecer parte de sus necesidades eléctricas.
China, en tanto, continúa liderando la expansión de nueva capacidad nuclear. El país asiático cuenta con decenas de reactores comerciales en funcionamiento y mantiene un amplio número de unidades en construcción, dentro de una estrategia destinada a incrementar significativamente la participación de esta fuente en su matriz energética durante las próximas décadas.
Argentina busca insertarse en este nuevo ciclo internacional a partir de un modelo diferente al utilizado en los últimos años: mayor participación privada, conservación del control estatal sobre Nucleoeléctrica y búsqueda de capital para sostener y modernizar los activos existentes.
La concreción de esa estrategia dependerá ahora del avance del proceso de licitación, las condiciones que finalmente se establezcan para la transferencia accionaria y, fundamentalmente, del interés que el nuevo esquema logre despertar entre los inversores.
Fuente: Los Andes / Redacción TE.




