Una tecnología utilizada durante décadas en programas espaciales y aplicaciones científicas se convirtió en la base de un emprendimiento argentino que busca transformar la forma en que se conservan los alimentos. Pomona Foods, la startup fundada por el ingeniero ambiental marplatense Mateo de la Rúa, nació con el objetivo de combatir el desperdicio de frutas y verduras mediante la liofilización y ya proyecta cerrar el año con una facturación cercana al millón de dólares.
La empresa comenzó a operar en 2021 con una inversión inicial de US$ 25.000 y actualmente procesa unos 10.000 kilos mensuales de fruta fresca para obtener alrededor de 1.000 kilos de productos liofilizados. Gracias a este proceso, los alimentos pueden conservarse hasta dos años sin necesidad de refrigeración ni conservantes, manteniendo gran parte de sus propiedades.
La idea surgió a partir de una preocupación ambiental. Tras trabajar en compañías como Quilmes, Shell y Coca-Cola, De la Rúa decidió enfocarse en desarrollar una solución para reducir el desperdicio de alimentos, un problema que afecta a millones de toneladas de frutas y verduras en todo el mundo.
El desafío inicial fue encontrar proveedores y tecnología en Argentina, donde la liofilización todavía tenía un desarrollo muy limitado. Luego de validar el mercado con productos elaborados por un productor de Misiones, el emprendedor adquirió sus primeras máquinas y montó una pequeña planta de producción en un espacio de apenas 50 metros cuadrados.
Durante los primeros meses, el propio fundador realizaba todas las tareas: desde el procesamiento de la fruta hasta la venta en dietéticas y comercios. Sin embargo, el mercado terminó marcando el rumbo del negocio.
En lugar de concentrarse únicamente en los consumidores finales, la empresa encontró una fuerte demanda en el sector gastronómico, donde las frutas liofilizadas comenzaron a utilizarse como ingredientes para chocolates, helados, alfajores, pastelería y otros productos. Además, algunas compañías emplean los productos procesados para obtener colorantes y saborizantes naturales que reemplazan aditivos artificiales.
Gracias a ese crecimiento, Pomona Foods se convirtió en proveedor de marcas reconocidas como Lucciano’s, Rapanui, Del Turista y Betular, además de abastecer a cadenas hoteleras.
Actualmente, la empresa cuenta con una planta de 300 metros cuadrados ubicada en un parque industrial de Vicente López y un equipo integrado por 11 personas.
Tras consolidar su presencia en el segmento gastronómico, la compañía retomó su estrategia para el consumo masivo. Su línea de snacks saludables incluye frambuesas, bananas, manzanas, mangos, moras y mezclas de frutos rojos liofilizados, además de verduras como remolacha y jengibre. También incorporó frutillas liofilizadas bañadas en chocolate y comercializa sus productos en más de 100 dietéticas del país, plataformas digitales y distribuidores especializados, mientras negocia su ingreso a cadenas de supermercados.
La diversificación del negocio también llegó al mercado de mascotas. Bajo la marca Panthera, la empresa produce snacks premium para perros y gatos elaborados exclusivamente con carne liofilizada, incluyendo variedades de pollo, cordero e hígado, que ya se venden en veterinarias, pet shops y dietéticas.
Desde 2024, De la Rúa comparte la conducción de la empresa con Mateo del Carril, quien se incorporó para liderar las áreas comercial y logística. Ambos impulsan nuevos desarrollos, entre ellos caramelos liofilizados y nuevas líneas para mascotas.
Con el mercado argentino consolidándose, el próximo objetivo de Pomona Foods es la expansión internacional. La compañía ya mantiene conversaciones con potenciales clientes de Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador y Estados Unidos, con la intención de iniciar sus primeras exportaciones y llevar su tecnología de conservación de alimentos a nuevos mercados.
Fuente: Forbes Argentina / Redacción TE.




