China alcanzó un nuevo hito para su industria aeroespacial al recuperar con éxito, por primera vez, un cohete reutilizable tras su lanzamiento. La maniobra, realizada con el Long March 10B, representa un avance estratégico en el desarrollo de sistemas de lanzamiento de menor costo y acerca al país asiático al modelo de reutilización que revolucionó el sector en los últimos años.
La Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial (CASC) informó que el Long March 10B fue lanzado con normalidad y que, tras separarse de la parte superior del vehículo, la primera etapa inició un descenso controlado hasta una plataforma flotante ubicada en el mar, donde fue recuperada exitosamente.
La reutilización de cohetes es considerada uno de los mayores avances tecnológicos de la industria espacial, ya que los lanzadores tradicionales son descartados durante el ascenso, lo que encarece significativamente cada misión. Recuperar y volver a utilizar los propulsores permite reducir costos, acelerar la frecuencia de los lanzamientos y mejorar la eficiencia operativa.
A diferencia del sistema utilizado por SpaceX, el Long March 10B no emplea patas desplegables para aterrizar. En cambio, incorpora cuatro ganchos que se enganchan a una red tensada sobre una plataforma flotante. Durante el descenso, los motores vuelven a encenderse para disminuir la velocidad y corregir la trayectoria hasta posicionar el cohete con precisión sobre la estructura de captura.
Este diseño elimina el peso adicional que implican las patas de aterrizaje y sus mecanismos de despliegue, permitiendo destinar esa capacidad extra al transporte de una mayor carga útil hacia el espacio.
China ya había realizado una prueba preliminar en febrero con el Long March 10A, cuando la primera etapa ejecutó un descenso controlado pero terminó en el agua junto a la plataforma. En esta oportunidad, el país logró completar la captura del propulsor y mantenerlo fuera del mar, un paso considerado fundamental para avanzar hacia su reutilización.
El Long March 10B tiene capacidad para colocar al menos 16 toneladas métricas en órbita terrestre baja, lo que lo convierte en un vehículo apto para el lanzamiento de satélites comerciales y el despliegue de grandes constelaciones de comunicaciones, en línea con la estrategia china para competir con proyectos como Starlink.
El próximo desafío será evaluar el estado del propulsor tras el aterrizaje, analizar el desgaste de sus motores y verificar si puede volver a volar. Si las pruebas resultan satisfactorias, China estará más cerca de incorporar cohetes reutilizables de forma regular, reduciendo los tiempos entre misiones y los costos operativos de su programa espacial.
Fuente : Rosario 3 / Redacción TE.




