La tensión bélica entre Irán, Israel y Estados Unidos ya tiene repercusión en los surtidores argentinos. En las últimas horas, las principales petroleras del país ajustaron sus precios: Puma y Shell aplicaron aumentos del 5 %, mientras que YPF lo hizo de forma escalonada, aunque informó que no prevé nuevos incrementos hasta julio.
El ajuste responde al fuerte aumento del precio internacional del crudo, que en las últimas semanas trepó más de un 21 %, impulsado por la incertidumbre geopolítica y el temor a un eventual cierre del estrecho de Hormuz, clave para el transporte global de petróleo.
El Brent, referencia para los mercados internacionales, llegó a cotizar cerca de los 78 USD por barril, afectando las cadenas de costos en países importadores como Argentina. Este fenómeno no solo impacta directamente en los consumidores, sino que también presiona la estructura de subsidios estatales y condiciona las metas fiscales del Gobierno.
La suba se produce en un contexto de alta sensibilidad económica, donde cualquier modificación en los precios de energía repercute en la inflación y en la política de ingresos. El Gobierno, por ahora, busca contener el efecto ampliado en el resto de los servicios energéticos.




