La inteligencia artificial ya comienza a generar resultados económicos concretos en Argentina, especialmente en empresas tecnológicas, startups y grandes compañías. Sin embargo, su avance también plantea importantes desafíos para el mercado laboral, en un país donde la informalidad alcanza al 45% de los trabajadores y la capacitación en nuevas tecnologías continúa siendo limitada.
El impacto económico y social de esta transformación fue uno de los principales temas abordados durante el nadIA Summit, un encuentro que reunió a más de 100 referentes del sector empresarial, académico y público para analizar las oportunidades y los riesgos que presenta la incorporación de inteligencia artificial en la economía argentina.
Durante el evento, Daniel Yankelevich, investigador principal de Fundar, y Eduardo Levy Yeyati, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, coincidieron en la necesidad de desarrollar estrategias que permitan aprovechar las nuevas tecnologías sin profundizar las desigualdades laborales.
Uno de los sectores que muestra mayor crecimiento es el de las startups y empresas financieras tecnológicas, conocidas como fintechs. Algunas de estas compañías desarrollan sus modelos de negocio directamente sobre sistemas de inteligencia artificial y han conseguido inversiones de entre 2 y 3 millones de dólares para impulsar sus proyectos.
En el caso de las grandes empresas, Mercado Libre aparece como uno de los ejemplos más representativos de la incorporación de estas herramientas. La compañía utiliza inteligencia artificial para detectar fraudes, mejorar la atención al cliente, procesar imágenes y optimizar operaciones comerciales.
Según los especialistas, estas aplicaciones ya contribuyen al crecimiento de la facturación, aunque todavía no existen indicadores públicos suficientes para determinar con precisión cuánto representan en términos de rentabilidad.
La transformación tecnológica también alcanza a sectores productivos tradicionales, como la industria petrolera. En Vaca Muerta, distintas compañías incorporaron sistemas de análisis de datos, automatización y aprendizaje automático para mejorar la eficiencia de sus operaciones.
YPF, por ejemplo, utiliza herramientas digitales e inteligencia artificial para monitorear procesos y optimizar tareas vinculadas con la perforación y terminación de pozos. Estas tecnologías permiten mejorar la toma de decisiones y avanzar hacia operaciones cada vez más automatizadas.
No obstante, el crecimiento de la inteligencia artificial también genera preocupación por sus consecuencias sobre el empleo. La automatización puede reemplazar determinadas tareas y modificar los perfiles profesionales que demandan las empresas, especialmente cuando los trabajadores no cuentan con oportunidades de capacitación.
En Argentina, el 86% de los trabajadores asegura no haber recibido formación en inteligencia artificial por parte de sus empleadores, una situación que evidencia las dificultades para acompañar los cambios tecnológicos.
A este escenario se suma la elevada informalidad laboral. Según datos de Invecq Consulting elaborados sobre información del INDEC y presentados en el Coloquio de IDEA, el 45% de los trabajadores argentinos se encuentra en condiciones de informalidad.
La situación resulta especialmente preocupante entre los jóvenes menores de 29 años, donde ese porcentaje alcanza el 58,4%, mientras que entre las personas de 30 a 64 años se ubica en el 37,6%.
Además, un informe del Banco Provincia señaló que entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron aproximadamente 230.000 empleos privados registrados y otros 90.000 puestos del sector público, mientras que unas 150.000 personas se incorporaron al régimen de monotributo.
Frente a este panorama, los especialistas advierten que la expansión de la inteligencia artificial, sin políticas de formación y reconversión laboral, podría profundizar la precarización del empleo y ampliar las diferencias entre quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías y quienes quedan excluidos de ellas.
El desafío para Argentina será encontrar un equilibrio entre innovación, productividad y desarrollo social. La inteligencia artificial representa una oportunidad para modernizar la economía, atraer inversiones y generar nuevos negocios, pero su implementación también requerirá capacitación, adaptación de los trabajadores y estrategias que permitan distribuir sus beneficios.
En un contexto de transformación digital acelerada, el debate ya no se limita a determinar cuánto pueden crecer las empresas mediante la inteligencia artificial, sino también a establecer cómo garantizar que ese crecimiento se traduzca en mejores oportunidades laborales para la sociedad.
Fuente: El Economista / Redacción TE.




