En lo profundo de la cordillera sanjuanina, entre el río Los Patos y la Sierra del Tontal, se encuentra Hilario, un sitio histórico que testimonia el nacimiento de la minería moderna en el país. Sus ruinas de piedra y adobe no solo evocan un pasado de hornos encendidos y trabajo febril, sino también el espíritu pionero de una provincia que buscó abrir camino hacia la industrialización.
Fue en 1865 cuando Hilario se transformó en escenario de innovación. Bajo el impulso de Domingo Faustino Sarmiento, entonces gobernador de San Juan, se instaló allí la primera fundición metalúrgica de la Argentina. El proyecto contó con la dirección del ingeniero británico Francisco Ignacio Rickard, formado en la prestigiosa escuela de Freiberg (Sajonia). La maquinaria, fabricada en Inglaterra, atravesó desmontada la cordillera a lomo de mula en una proeza logística inédita para la época.
El lugar fue elegido por la disponibilidad de agua del río Los Patos, fundamental para los procesos de fundición. La planta incorporó la tecnología más avanzada de su tiempo: hornos de reverbero, tinas de amalgamación, ventiladores circulares, turbinas hidráulicas de 95 caballos de fuerza y laboratorios químicos capaces de realizar hasta cien ensayos diarios. Inspirado en el modelo francés de Pontgibaud, el sistema se adaptó al entorno andino con ladrillos refractarios elaborados en la zona.
Aunque su funcionamiento fue breve —apenas diez meses entre 1865 y 1866—, Hilario llegó a fundir minerales de plata y plomo extraídos del Tontal y exportados también a Chile. La planta podía procesar hasta 200 quintales por día, pero los costos de operación y las dificultades de transporte redujeron esa cifra a 60, precipitando su cierre.
Más allá de su rendimiento económico, el complejo fue un verdadero hito social y cultural. En torno a la planta nació una pequeña comunidad minera con talleres, depósitos, viviendas, un hotel e incluso una escuela improvisada. Allí convivieron técnicos europeos, trabajadores locales y familias enteras que apostaron por un futuro diferente.
El emprendimiento formó parte de la Sociedad de Minas de San Juan, creada por Sarmiento en 1862 con apoyo del gobierno nacional. No buscaba grandes beneficios, sino demostrar el potencial minero de la provincia y atraer inversiones. Hilario se convirtió así en una maqueta a escala real de lo que podía ser la minería argentina.
Hoy, el sitio está protegido por ley: fue declarado Monumento Histórico Provincial en 2006, de utilidad pública en 2012 y, en 2017, pasó a manos del Estado sanjuanino. Sus vestigios siguen en pie como testimonio de una experiencia única que marcó el inicio de la minería con visión industrial en la Argentina.
Fuente: Gobierno San Juan/Redacción TE.




