CAMMESA propone reducir la generación termoeléctrica y avanzar con renovables y baterías para estabilizar el sistema eléctrico argentino

Un estudio presentado por especialistas de la administradora del mercado eléctrico plantea que el almacenamiento energético distribuido permitiría incorporar más generación eólica y solar sin comprometer la estabilidad de la red. Las simulaciones proyectadas a 2028 muestran que las baterías podrían reemplazar parte de las funciones de respaldo que actualmente cumplen las centrales térmicas.

Un grupo de ingenieros de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) elaboró un informe que propone avanzar hacia una transformación del sistema eléctrico argentino mediante una mayor participación de las energías renovables y la incorporación de sistemas de almacenamiento con baterías.

El trabajo plantea que esta combinación permitiría reducir gradualmente la necesidad de mantener centrales termoeléctricas en funcionamiento exclusivamente para garantizar la estabilidad de la red, una tarea que históricamente estuvo asociada a las instalaciones convencionales de generación.

La investigación fue desarrollada por Nicolás de San Juan, Paolo Lambri, Juan Carlos Brunello y Félix Gallego, especialistas de CAMMESA, y presentada a fines de agosto durante la Sesión CIGRE 2026, realizada en París, Francia.

El estudio analiza los desafíos que enfrentará el Sistema Argentino de Interconexión (SADI) a medida que aumente la participación de la generación eólica y solar dentro de la matriz energética nacional.

Uno de los principales problemas identificados está relacionado con las oscilaciones inter-área, que son desequilibrios transitorios entre los generadores ubicados en diferentes regiones del país.

Estas oscilaciones pueden adquirir mayor relevancia cuando aumenta la incorporación de fuentes renovables variables, cuya producción depende de las condiciones del viento y la radiación solar.

Para evaluar posibles soluciones, los especialistas modelaron el funcionamiento del sistema eléctrico argentino en un escenario proyectado a 2028, incorporando también las redes de Paraguay y Uruguay y la interconexión energética con Brasil.

La simulación contempló una demanda de 20.200 megavatios (MW) y una participación de la generación eólica y solar que podría alcanzar hasta el 30% de la producción eléctrica total del SADI.

A partir de ese escenario, los investigadores analizaron cómo respondería el sistema ante una perturbación importante, considerando la salida de servicio de la línea de alta tensión de 500 kilovoltios Río Grande-Embalse y una reducción de 500 MW en la energía importada desde Brasil.

Los resultados mostraron diferencias significativas según la incorporación y ubicación de los sistemas de almacenamiento.

En un escenario sin baterías, el nivel de amortiguamiento de las oscilaciones alcanzó apenas el 3%. Cuando los equipos se concentraron en el Gran Buenos Aires, el indicador aumentó al 5%, equivalente al mínimo establecido por el criterio de estabilidad del sistema eléctrico argentino.

Sin embargo, cuando las baterías se distribuyeron en diferentes regiones del país, el amortiguamiento llegó al 8%, superando ampliamente los resultados obtenidos en los otros escenarios.

Este comportamiento permitió demostrar que la ubicación geográfica de los sistemas de almacenamiento resulta tan importante como su capacidad instalada.

Los especialistas observaron que las baterías ubicadas fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires pueden generar un impacto proporcionalmente mayor sobre la estabilidad de las oscilaciones entre regiones.

El informe destaca especialmente el potencial de los sistemas BESS, denominación que corresponde a los sistemas de almacenamiento de energía en baterías.

Estos equipos permiten acumular electricidad y responder rápidamente ante cambios en las condiciones de funcionamiento de la red, absorbiendo o inyectando energía en cuestión de milisegundos.

Tradicionalmente, esta tecnología fue considerada una alternativa para cubrir picos de demanda, almacenar excedentes de generación renovable o reforzar puntos críticos de los sistemas de distribución y transporte.

Sin embargo, el estudio de CAMMESA amplía sus posibilidades de aplicación al demostrar que las baterías también pueden cumplir funciones de estabilización que actualmente aportan las centrales térmicas, hidroeléctricas y nucleares.

En particular, los investigadores analizaron sistemas BESS equipados con controladores POD, diseñados para amortiguar las oscilaciones de potencia y mejorar la respuesta dinámica de la red eléctrica.

La incorporación de estos dispositivos permitiría reducir la cantidad de centrales termoeléctricas que deben permanecer conectadas únicamente para aportar estabilidad, habilitando una mayor participación de la generación renovable.

Esto no significa que las baterías puedan reemplazar por completo la producción de electricidad de las centrales convencionales, sino que podrían asumir determinadas funciones técnicas que actualmente requieren mantenerlas operativas.

El planteo adquiere especial relevancia para Argentina, donde la expansión de la producción de gas natural de Vaca Muerta ofrece una importante disponibilidad de combustible para la generación termoeléctrica.

Si bien ese recurso permite abastecer centrales convencionales, los resultados del estudio sugieren que el almacenamiento podría disminuir la dependencia de ese respaldo para determinadas funciones de estabilidad y facilitar una mayor incorporación de energía eólica y solar.

La investigación también coincide con los primeros avances del país en materia de almacenamiento eléctrico a gran escala.

Entre agosto y octubre de 2026 está previsto el ingreso al sistema de 229 MW correspondientes a la primera etapa de AlmaGBA, una iniciativa impulsada por el Gobierno nacional para incorporar baterías en nodos críticos del Área Metropolitana de Buenos Aires.

El proyecto contempla instalaciones dentro de las áreas de concesión de Edenor y Edesur, con el objetivo de mejorar la confiabilidad del suministro y fortalecer la infraestructura eléctrica.

En el proceso licitatorio se recibieron ofertas del sector privado por una capacidad total de 1.347 MW, mientras que la adjudicación alcanzó los 713 MW.

La experiencia permitirá comenzar a incorporar esta tecnología dentro del funcionamiento del sistema eléctrico nacional y avanzar en el desarrollo de nuevas capacidades de almacenamiento.

Para los especialistas de CAMMESA, los resultados de la investigación constituyen una base técnica que podría ser utilizada por los organismos de planificación y las autoridades regulatorias para definir el papel de las baterías en la futura expansión de la matriz energética.

El estudio abre así una nueva perspectiva para el desarrollo eléctrico argentino, en la que la generación renovable, el almacenamiento y las centrales convencionales podrían complementarse bajo un esquema de operación más flexible.

El desafío será trasladar los resultados de las simulaciones a proyectos concretos de infraestructura que permitan aumentar la participación de las energías limpias, optimizar el funcionamiento de las centrales existentes y garantizar la confiabilidad del abastecimiento eléctrico en todo el país.

Fuente: ADNSUR / Redacción TE.

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