La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el Astillero Río Santiago avanzan en el desarrollo de una impresora 3D de gran escala diseñada para construir viviendas sociales de hasta 60 metros cuadrados en tiempos considerablemente menores a los de los sistemas tradicionales.
La tecnología, desarrollada en Argentina, permitirá automatizar parte del proceso constructivo mediante la aplicación de una mezcla cementicia de secado rápido siguiendo diseños digitales previamente establecidos.
La proyección inicial apunta a completar en alrededor de 50 horas la estructura de una vivienda, incluyendo sus divisiones internas y los espacios destinados a puertas y ventanas. Posteriormente deberán realizarse las instalaciones, colocación de aberturas, cubiertas y demás terminaciones.
El proyecto reúne a investigadores, docentes y estudiantes de áreas como ingeniería, arquitectura, sistemas y trabajo social, además de empresas locales vinculadas a la construcción. El Astillero Río Santiago aporta su capacidad industrial y técnica para fabricar el prototipo.
El Ministerio de Hábitat y Desarrollo Urbano de la provincia de Buenos Aires también mantuvo encuentros con la UNLP para analizar la posibilidad de utilizar esta tecnología en planes habitacionales desarrollados sobre terrenos que ya cuenten con servicios.
Cómo funciona la impresora 3D
La máquina cuenta con una estructura de pórtico de 6 metros de ancho y 11 metros de alto, apoyada sobre dos bogies que se desplazan mediante carriles paralelos instalados en el terreno.
Cada uno dispone de un brazo elevable tipo tijera y ambos están conectados mediante una viga superior. Sobre ella se desplaza un carro que sostiene el cabezal de impresión y permite depositar el material exactamente en los lugares determinados por el diseño digital de la vivienda.
El mortero cementicio llega hasta el cabezal mediante una manguera conectada a una bomba. Allí se prepara y humecta antes de ser aplicado en sucesivas capas.
Uno de los puntos fundamentales es la consistencia del material. La mezcla debe mantener su forma después de ser depositada y, al mismo tiempo, soportar el peso de las capas posteriores sin deformarse.
Antes de comenzar la impresión se construye una platea de hormigón que sirve como base para la vivienda y sobre la cual se instalan los rieles.
La máquina necesita suministro de mortero, agua y energía eléctrica, pero puede desarrollar el proceso de manera continua bajo supervisión técnica. Una vez terminada una unidad, puede desplazarse sobre los carriles para comenzar otra construcción, lo que abre la posibilidad de producir viviendas en serie.
Menores tiempos y costos de construcción
Uno de los principales objetivos del proyecto es reducir tanto los plazos como los costos de ejecución de viviendas sociales.
Además, las unidades contemplan soluciones de aislación térmica destinadas a mejorar su eficiencia energética.
La incorporación de impresión 3D no supone eliminar la participación de trabajadores de la construcción. Una vez terminada la estructura principal continúan siendo necesarios albañiles, electricistas, plomeros y otros oficios para realizar instalaciones, colocar aberturas y cubiertas y completar las terminaciones.
La UNLP también contempla capacitar a vecinos de los barrios donde pueda implementarse el sistema, con especial participación de mujeres, para que intervengan en distintas etapas y adquieran conocimientos que posteriormente puedan utilizar para el mantenimiento de las viviendas.
Los antecedentes de viviendas impresas en 3D
La utilización de impresoras 3D de gran escala para construir viviendas ya registra experiencias internacionales.
Uno de los antecedentes se desarrolló en Francia a partir del proyecto Yhnova, en el que participó la Universidad de Nantes junto con investigadores, fabricantes, autoridades locales y una organización dedicada a la vivienda social.
La experiencia permitió construir una casa de 95 metros cuadrados y cuatro habitaciones utilizando el sistema BatiPrint3D.
La impresión de la estructura demandó unas 54 horas, aunque posteriormente fueron necesarios cuatro meses de trabajos convencionales para instalar puertas, ventanas, elementos del techo y completar el inmueble.
El costo total rondó los USD 238.000 y, según los datos difundidos sobre el proyecto, resultó aproximadamente un 20% inferior al de una vivienda equivalente realizada mediante técnicas tradicionales.
Con el desarrollo encabezado por la UNLP y el Astillero Río Santiago, Argentina busca avanzar ahora en una tecnología propia que permita combinar fabricación digital, producción industrial y construcción tradicional para acelerar la ejecución de viviendas y facilitar su desarrollo a mayor escala.
Fuente: Infobae / Redacción TE.




