El crecimiento de Vaca Muerta está llevando la producción argentina de petróleo y gas a niveles récord, pero ese escenario no se traduce automáticamente en una mayor rentabilidad para las estaciones de servicio. Con márgenes netos que actualmente se ubican entre el 2,5% y el 3% sobre las ventas, los operadores comienzan a mirar cada vez más hacia los servicios complementarios para sostener el negocio.
Así lo planteó Nicolás Taiariol, consultor en Oil & Gas y exdirector de la Secretaría de Energía, durante un encuentro virtual organizado por Surtidores, donde analizó los principales desafíos que enfrentará el sector hacia 2030.
De acuerdo con los datos presentados, una estación necesita comercializar alrededor de 350.000 litros mensuales para cubrir sus costos. El escenario contrasta con el margen bruto histórico de entre el 8% y el 10% que caracterizó a otra etapa del negocio, aunque se trata de indicadores correspondientes a diferentes instancias del resultado económico.
La situación tampoco es igual para todas las bocas de expendio. La distancia respecto de las refinerías y los grandes centros urbanos, los costos logísticos, el tamaño de cada localidad y la dependencia del tránsito turístico pueden modificar considerablemente los volúmenes necesarios para alcanzar el equilibrio.
Mientras tanto, Vaca Muerta continúa expandiéndose. Según las cifras expuestas durante la presentación, su producción habría aumentado un 47% durante el último año y el superávit energético argentino podría superar los US$ 12.000 millones en 2026.
Sin embargo, las refinerías operan con elevados niveles de utilización y los principales proyectos presentados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) están concentrados en extracción, transporte y exportación, sin iniciativas de una escala equivalente destinadas a incrementar la capacidad de refinación.
Esto implica que una mayor producción de hidrocarburos no necesariamente se traduce en más combustible disponible en cada mercado. Entre la extracción y el surtidor intervienen la capacidad refinadora, los oleoductos, el almacenamiento, la distribución y la competencia entre la demanda interna y las exportaciones.
La misma lógica se aplica a las inversiones en nuevas estaciones o ampliaciones en corredores relacionados con Vaca Muerta. Según el especialista, estos proyectos deben respaldarse en un flujo comprobable de camiones y demanda logística, y no únicamente en las perspectivas generales de crecimiento de la formación neuquina.
Otro factor central es la evolución de los precios. Los datos presentados mostraron que los valores promedio de las naftas y el gasoil se multiplicaron por más de diez en pesos al comparar los períodos 2019-2023 y 2024-2026. Medidos en dólares, las subas fueron considerablemente menores: 26% para la nafta súper, 25% para la premium y 32% para el gasoil.
Taiariol sostuvo que esta evolución refleja una mayor incidencia del tipo de cambio, los impuestos y las decisiones internas que una transmisión directa del precio internacional del petróleo.
A esto se suma la utilización de la paridad de importación como referencia para el mercado doméstico, una situación que puede elevar el costo del combustible adquirido por las estaciones y reducir el margen existente entre la compra y la venta.
El precio en los surtidores también continuará condicionado por su impacto sobre la inflación. Incluso en un escenario de mayor desregulación, factores como la actualización de impuestos o eventuales intervenciones pueden limitar la capacidad de los operadores para trasladar aumentos salariales y otros costos al consumidor.
En paralelo, las nuevas alternativas energéticas comienzan a modificar las perspectivas del negocio. La mayor producción de gas podría llevar el precio mayorista desde alrededor de US$ 20 hasta US$ 3,5 por millón de BTU y devolver competitividad al GNC, aunque persisten los desafíos vinculados con la infraestructura y las restricciones durante el invierno.
La electromovilidad también aparece como una oportunidad todavía incipiente. Pese a que el parque de vehículos eléctricos creció un 400%, existen menos de 400 cargadores públicos en el país, concentrados principalmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Por ese motivo, las inversiones deberán acompañar una demanda concreta que garantice niveles suficientes de utilización.
En este contexto, los negocios complementarios aparecen como una de las principales alternativas para recuperar rentabilidad. Un informe de EY citado durante la exposición señala que pueden aportar entre el 40% y el 50% de las ganancias operativas de una estación, mientras algunos productos comercializados en las tiendas alcanzan márgenes brutos superiores al 30%.
Entre las posibilidades analizadas aparecen gastronomía, lavado de vehículos, sistemas de pago, lockers y soluciones destinadas a flotas. La elección dependerá de la ubicación, el perfil de los clientes y las características particulares de cada establecimiento.
De cara a 2030, el modelo proyectado contempla que alrededor del 55% de los ingresos provenga de los combustibles y el 45% restante de servicios complementarios, con la posibilidad de alcanzar un margen neto de entre el 6% y el 8,5%.
A la diversificación se suma la necesidad de mejorar la administración. La gestión de saldos diarios, la renegociación con proveedores, la revisión de seguros y la automatización de procesos aparecen como herramientas para reducir costos y recuperar margen sin necesidad de realizar grandes inversiones.
El nuevo escenario plantea así una transformación del modelo tradicional de las estaciones de servicio. Mientras Vaca Muerta garantiza una mayor disponibilidad de recursos y fortalece el perfil energético del país, la rentabilidad del negocio minorista dependerá cada vez más de la eficiencia operativa, la diversificación y los servicios que puedan desarrollarse más allá del surtidor.
Fuente: Surtidores / Redacción TE.




