Almacenamiento de energía: América Latina llegará a 34 GW en 2035 y Argentina gana protagonismo

El almacenamiento de energía se encamina a experimentar un fuerte crecimiento en América Latina durante la próxima década, con Argentina posicionándose entre los mercados que comenzaron a acelerar la incorporación de sistemas de baterías a gran escala.

Según una nueva proyección de la consultora Wood Mackenzie, la capacidad acumulada de almacenamiento en la región pasará de 2,5 GW en 2025 a 34 GW en 2035. Esto implica multiplicar por 13,6 la potencia instalada en apenas diez años, con una tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 30%.

El escenario representa además una importante revisión respecto de las estimaciones realizadas anteriormente por la propia consultora. En septiembre de 2025, Wood Mackenzie había proyectado que América Latina alcanzaría unos 23 GW en 2034.

Entre los factores que explican la aceleración aparecen las limitaciones de las redes de transmisión, el avance sostenido de las energías renovables, los vertimientos de generación y la implementación de nuevos mecanismos de contratación y licitaciones específicas para sistemas de almacenamiento.

Argentina ya comenzó a transitar ese camino. En poco más de un año, el país avanzó en la conformación de un mercado de almacenamiento independiente mediante licitaciones y, de acuerdo con los registros oficiales citados en el informe, acumula 1.413,5 MW adjudicados.

Los proyectos estarán destinados principalmente a reducir las restricciones existentes en determinados puntos críticos de la red eléctrica y brindar servicios de potencia y reserva mientras se concretan las obras necesarias para ampliar la infraestructura de transporte.

Para Wood Mackenzie, la experiencia argentina demuestra que las licitaciones pueden convertirse en una herramienta para incorporar sistemas de baterías incluso antes de que estén terminadas todas las ampliaciones de infraestructura requeridas.

Uno de los principales desafíos será establecer mecanismos que garanticen ingresos previsibles para los proyectos y permitan facilitar su financiamiento, una problemática que también alcanza a otros mercados latinoamericanos.

Chile continúa liderando el sector regional y concentra algunos de los mayores sistemas de almacenamiento con baterías, conocidos como BESS, actualmente en operación en América Latina. La fuerte penetración de las energías renovables y los crecientes vertimientos de generación en el norte del país impulsaron la incorporación de baterías de mayor duración.

Sin embargo, la consultora advierte sobre el riesgo de la denominada “canibalización de precios”. A medida que aumenta la cantidad de baterías instaladas, puede reducirse la diferencia de precios que permite realizar arbitraje energético y, en consecuencia, disminuir los ingresos esperados por los desarrolladores.

México también aparece entre los mercados con mayores perspectivas de expansión. Los nuevos mecanismos destinados a proyectos estratégicos y los esquemas de desarrollo conjunto con la Comisión Federal de Electricidad podrían permitir la adjudicación de más de 3 GW de almacenamiento hasta 2030.

Además, el país estableció una referencia de 935 MW para sistemas de almacenamiento independientes, con tres horas de duración y distribuidos en diferentes regiones.

Brasil, por su parte, se prepara para dar un paso importante con la realización, prevista para diciembre de 2026, de sus primeras dos subastas de reserva de capacidad orientadas específicamente a grandes sistemas de baterías.

Los contratos tendrán una duración de 15 años y el inicio del suministro está previsto para agosto de 2028. Los proyectos deberán contar con una potencia mínima de 30 MW y disponer de cuatro horas de duración.

La República Dominicana también aparece entre los casos destacados del Caribe. Su regulación establece que los nuevos proyectos renovables de al menos 20 MWac deben incorporar almacenamiento equivalente, como mínimo, al 50% de su capacidad instalada y con una duración no menor a cuatro horas. Wood Mackenzie estima que el país podría alcanzar los 500 MW de almacenamiento hacia 2030.

Pese a las perspectivas de crecimiento, uno de los principales obstáculos para América Latina continúa siendo la falta de modelos de ingresos suficientemente previsibles para garantizar el financiamiento de los proyectos.

En varios mercados todavía no se encuentran claramente establecidos los mecanismos de remuneración por servicios auxiliares, capacidad y arbitraje energético. A esto se suman las demoras en permisos, las dificultades de acceso al financiamiento y la cantidad limitada de compradores capaces de sostener contratos de largo plazo.

Wood Mackenzie considera que aquellos países que logren desarrollar mecanismos de remuneración financiables tendrán mayores posibilidades de transformar las numerosas carteras de proyectos anunciadas en instalaciones efectivamente construidas.

El avance del almacenamiento anticipa así una nueva etapa para los sistemas eléctricos de América Latina. Las baterías comienzan a dejar de ocupar un rol meramente complementario de las energías renovables para transformarse en una herramienta clave para administrar la energía disponible, reducir las restricciones de las redes y aportar capacidad y estabilidad al sistema.

En ese escenario, Argentina ya comenzó a posicionarse entre los mercados regionales que buscan aprovechar el crecimiento de una tecnología que tendrá un papel cada vez más relevante en la transición energética.

Fuente: Mejor Energía / Redacción TE.

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