Mientras la industria energética argentina atraviesa uno de los períodos de mayor crecimiento de las últimas décadas, un informe advirtió que el 80% de los trabajadores del sector tiene algún tipo de deuda y que el 65% asegura que su salud mental empeoró durante el último año.
El relevamiento fue elaborado por la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía (APSEE), junto con el Instituto Argentino de Estudios Técnicos, Económicos y Sociales (IAETES) y un equipo de investigación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, a partir de encuestas realizadas entre febrero y marzo de 2026.
El estudio pone de manifiesto el contraste entre los indicadores récord de la actividad energética y la situación económica de quienes trabajan en el sector. Durante el primer semestre del año, la balanza comercial energética registró un superávit cercano a los US$ 6.000 millones, impulsado por el crecimiento de las exportaciones de petróleo y gas desde Vaca Muerta.
En paralelo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) acumula 16 proyectos aprobados por casi US$ 29.900 millones, mientras otros 25 proyectos por más de US$ 111.000 millones permanecen en evaluación. A ello se suman nuevas inversiones en infraestructura eléctrica, como las licitaciones de sistemas de almacenamiento con baterías, que despertaron un fuerte interés del mercado.
Sin embargo, la encuesta refleja una realidad diferente para los trabajadores. Del total de personas endeudadas, el 33% afirmó recurrir al crédito para afrontar gastos cotidianos como alimentos, ropa o bienes básicos; el 27% para pagar alquileres y expensas; y el 26% para cancelar saldos de tarjetas de crédito.
Además, el 37% de quienes tienen deudas presenta atrasos en los pagos y uno de cada cuatro ya recibió contactos de gestores de cobranza. Incluso la Bonificación Anual por Eficiencia (BAE) perdió su carácter de ingreso extraordinario, ya que el 49% de los trabajadores la destina directamente a cancelar deudas acumuladas.
El informe también advierte sobre el impacto del contexto económico en la salud mental. El 65% de los encuestados manifestó un deterioro en su bienestar emocional, con síntomas como ansiedad, angustia, insomnio, irritabilidad, sensación de ahogo y taquicardia.
Según la investigación, muchos trabajadores extendieron sus jornadas laborales o buscaron un segundo empleo para compensar la pérdida del poder adquisitivo. Entre los varones, el 68% incorporó horas adicionales durante los últimos dos años, mientras que el 36% de las mujeres aseguró que necesitó hacerlo, pero no pudo por las tareas de cuidado.
El estudio también reflejó un fuerte pesimismo respecto de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. El 59% de los consultados considera que su situación laboral empeorará significativamente, mientras que otro 15% cree que sufrirá un deterioro moderado.
Para APSEE, el crecimiento que hoy muestra la industria energética todavía no se traduce en una mejora equivalente en las condiciones de vida de sus trabajadores. El informe concluye que el desafío no pasa únicamente por aumentar la producción y atraer inversiones, sino también por lograr que el desarrollo del sector se refleje en mejores salarios, condiciones laborales y calidad de vida para quienes sostienen la actividad.
Fuente: Energy Report / Redacción TE.




