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viernes, enero 23, 2026

McKinsey advierte un freno en la transición energética: el gas y el petróleo seguirán dominando hasta 2050

El nuevo informe Global Energy Perspective 2025 de la consultora McKinsey & Company presenta un panorama menos optimista para la descarbonización global. Según sus proyecciones, el mundo no está en camino de alcanzar la neutralidad de carbono hacia 2050, y los combustibles fósiles continuarán siendo el eje de la matriz energética durante las próximas décadas.

A diez años del primer estudio, McKinsey actualiza sus escenarios globales y reconoce avances, pero también un rezago estructural respecto de los objetivos del Acuerdo de París. El análisis contempla tres trayectorias posibles —Evolución Lenta, Momentum Continuado y Transformación Sostenible— que difieren en velocidad e intensidad de políticas y tecnologías, aunque coinciden en una conclusión: la transición actual no basta para lograr el net zero.

El crecimiento de la demanda energética, impulsado por economías emergentes como India, África y el sudeste asiático, junto con el auge de los centros de datos en EE.UU. y Europa, está neutralizando los avances en eficiencia. McKinsey observa además un cambio de prioridades en los gobiernos: la seguridad y la asequibilidad de la energía ganan terreno frente a la descarbonización. Ejemplos como el Clean Industrial Deal europeo o el Séptimo Plan Energético de Japón apuntan a reducir costos y reforzar la independencia energética.

Según el informe, los combustibles fósiles representarán entre el 41% y el 55% del consumo global en 2050. El gas natural será el que más crezca, desplazando parcialmente al carbón, mientras que el petróleo alcanzaría su pico de demanda hacia 2030, pero seguiría siendo esencial para sectores como el petroquímico y el transporte marítimo.

Las energías renovables, por su parte, tendrán un papel cada vez más relevante: podrían generar entre el 61% y el 67% de la electricidad mundial hacia mediados de siglo. La energía solar y eólica liderarán ese crecimiento, aunque dependerán de fuentes “firmes” como la nuclear, hidroeléctrica o geotérmica, y de un aumento masivo de la capacidad de almacenamiento —quince veces mayor que la actual— para garantizar estabilidad.

El documento subraya que la transición energética será desigual y no lineal. “No existe una solución única”, sostiene McKinsey, destacando que cada país seguirá su propio camino según sus recursos, economía y regulaciones. En ese marco, China e India se posicionan como líderes en electrificación y desarrollo de energías limpias.

El informe también advierte sobre los cuellos de botella en las cadenas de suministro —especialmente en equipos eléctricos como transformadores—, que podrían demorar proyectos e incrementar costos. Y, en cuanto a inversiones, la consultora señala que las tecnologías bajas en carbono aún están lejos de las metas de 2030: solo China en vehículos eléctricos y la energía nuclear en Occidente muestran avances consistentes.

En conclusión, McKinsey plantea que el desafío global será equilibrar tres objetivos: reducir emisiones, mantener la seguridad del suministro y asegurar precios accesibles. Para avanzar, propone acelerar inversiones en infraestructura, eliminar trabas regulatorias y priorizar soluciones “triple win”: asequibles, seguras y bajas en carbono.

“El futuro energético será más diversificado y regionalizado”, advierte el informe. “La resiliencia y la agilidad serán las claves del liderazgo en la próxima década”.

Fuente: Diario Río Negro

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