Argentina se alinea con Estados Unidos en IA: un acuerdo sin inversiones concretas y con interrogantes sobre la soberanía científica

El Gobierno de Javier Milei profundizó su alineamiento con Estados Unidos al sumar a la Argentina a una declaración internacional impulsada por la administración de Donald Trump para acelerar la incorporación de la inteligencia artificial en la investigación científica.

Argentina integra el grupo de 17 países que suscribieron la denominada “Kyoto Vision for a Golden Age of Science” (Visión de Kioto para una Edad Dorada de la Ciencia), presentada durante la 23ª reunión anual del Science and Technology in Society Forum, en Japón.

Detrás de las promesas de modernización y aceleración de los descubrimientos científicos, la iniciativa abre interrogantes sobre el rumbo que adoptará la política científica argentina, el rol de los grandes proveedores tecnológicos y el grado de autonomía que conservarán los países participantes.

La declaración fue promovida por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca y uno de los principales funcionarios de Trump en materia tecnológica.

Además de Argentina y Estados Unidos, adhirieron Bulgaria, Chile, Chipre, Alemania, Grecia, Indonesia, Italia, Japón, Kazajistán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Polonia, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido.

Muchas promesas, ningún compromiso de inversión

El documento propone transformar los mecanismos tradicionales de financiamiento científico, incorporar sistemas avanzados de inteligencia artificial a la investigación y ampliar la formación de investigadores especializados.

Sin embargo, detrás de los grandes objetivos aparece una limitación central: la declaración no crea ningún fondo internacional para financiar ciencia, no establece inversiones específicas para Argentina, no determina cuánto dinero aportará Estados Unidos ni fija obligaciones financieras para los países firmantes.

Tampoco establece plazos concretos para alcanzar sus objetivos.

De esta manera, Argentina adhiere políticamente a una estrategia internacional liderada por Washington sin que exista, al menos en el texto anunciado, una contraprestación económica concreta para fortalecer las capacidades científicas nacionales.

El primer eje propone incluso revisar la manera en que los Estados financian la ciencia, combinando los tradicionales subsidios de largo plazo con fondos rápidos, premios, desafíos y nuevos esquemas institucionales.

La propuesta implica avanzar sobre uno de los pilares históricos de los sistemas científicos: la planificación y el financiamiento público sostenido de investigaciones cuyos resultados muchas veces requieren años o décadas.

Inteligencia artificial para transformar la ciencia

El segundo objetivo apunta directamente a incorporar sistemas cada vez más avanzados de inteligencia artificial al proceso científico.

La declaración sostiene que estas tecnologías pueden analizar enormes cantidades de información, desarrollar modelos complejos de sistemas físicos y biológicos y acelerar investigaciones.

El proyecto plantea además avanzar hacia experimentos autónomos y procesos de descubrimiento en “circuito cerrado”, donde sistemas de inteligencia artificial puedan intervenir en distintas etapas de una investigación.

También propone facilitar a investigadores el acceso a herramientas de IA, bases de datos, capacidad de cómputo e instalaciones experimentales.

Pero el documento deja abierto un interrogante estratégico: quién controlará esas herramientas, la infraestructura informática y los enormes volúmenes de información científica necesarios para desarrollar estos sistemas.

En un escenario donde buena parte de la capacidad mundial de cómputo y de los modelos más avanzados está concentrada en un reducido grupo de empresas tecnológicas, la dependencia de estas plataformas puede convertirse también en una nueva forma de dependencia científica y tecnológica.

La estrategia de Trump

La declaración forma parte de una política mucho más amplia de Estados Unidos para consolidar su liderazgo en inteligencia artificial y fortalecer su posición frente a China en la competencia tecnológica global.

Trump viene impulsando una estrategia favorable a una menor regulación sobre el desarrollo de estas tecnologías y apuesta a que las propias compañías tengan un papel central en la definición de sus límites.

La denominada Visión de Kioto extiende ahora esa orientación al terreno científico internacional.

Para Washington, la inteligencia artificial dejó de ser solamente una industria tecnológica: pasó a convertirse en una herramienta estratégica vinculada con la economía, la energía, la defensa, la ciencia y la disputa geopolítica.

En ese contexto, la decisión argentina adquiere una dimensión que excede ampliamente la cooperación académica.

Milei profundiza su alineamiento

La adhesión también coincide con la estrategia que Javier Milei viene promoviendo para convertir a la Argentina en un destino para grandes inversiones vinculadas con inteligencia artificial, centros de datos e infraestructura informática.

El Gobierno destaca como ventajas competitivas la disponibilidad de energía, los recursos minerales, el territorio y el capital humano argentino.

Sin embargo, el modelo abre una discusión inevitable: si esos recursos servirán para construir capacidades tecnológicas propias o principalmente para facilitar la instalación y expansión de grandes corporaciones extranjeras.

Los centros de datos necesarios para el desarrollo de IA requieren enormes cantidades de electricidad, infraestructura y, dependiendo de su diseño y ubicación, importantes recursos para refrigeración. Por eso, cualquier estrategia de expansión debería incorporar una discusión sobre planificación energética, impacto ambiental, utilización de recursos y beneficios concretos para el país.

Fuente: Clarin/ Redacción TE

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