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sábado, mayo 23, 2026

Manganeso en Córdoba: el mineral estratégico que Argentina todavía no desarrolla

El norte de Córdoba guarda uno de esos recursos que históricamente pasaron desapercibidos para el gran público, pero que hoy empiezan a adquirir valor geopolítico global. En el departamento Sobremonte, dentro del denominado Distrito Minero Manganesífero Santiagueño-Cordobés, existen más de 60 afloramientos de manganeso que durante décadas fueron explotados de manera artesanal y que actualmente permanecen prácticamente inactivos.

En un contexto internacional atravesado por la transición energética, la electromovilidad y la creciente demanda de minerales críticos para baterías, el manganeso dejó de ser un insumo secundario para convertirse en una pieza clave de la nueva economía energética. Y allí aparece una pregunta inevitable: ¿puede Córdoba convertirse en un actor relevante dentro de esa cadena de valor?

Ubicada a unos 193 kilómetros de la capital provincial, la zona de Chuña Huasi concentra históricas minas como Tres Lomitas y Cama Cortada, estudiadas desde mediados del siglo pasado. A pesar de la calidad mineralógica detectada en distintos relevamientos geológicos, la actividad nunca logró consolidarse bajo un esquema industrial sostenido.

Según datos de la Secretaría de Minería de Córdoba, el distrito presenta dos tipos principales de yacimientos. Por un lado, vetas de alta ley mineral, aunque de escasa potencia, cuya extracción manual permitía comercializar manganeso sin procesamiento complejo. Por otro, brechas de mayor espesor y volumen, que requieren tratamiento en planta para mejorar la recuperación del mineral.

Ese dato no es menor porque, a pocos kilómetros del distrito, existe una infraestructura prácticamente desconocida incluso dentro del sector: la planta de concentración gravitacional de Pozo Nuevo, construida por la Provincia a partir de 1985 y actualmente en condiciones operativas.

La instalación fue diseñada para procesar manganeso y baritina mediante métodos físicos, sin utilización de sustancias químicas agresivas. Hoy la Provincia ofrece la planta bajo modalidad de arrendamiento para operadores privados, aunque hasta el momento no se registraron proyectos de escala que impulsen su reactivación.

La existencia de esa infraestructura reduce considerablemente uno de los mayores obstáculos de cualquier proyecto minero: la inversión inicial de capital. En términos técnicos, representa un activo estratégico disponible para acelerar eventuales desarrollos productivos.

Pero el verdadero cambio de escenario ocurre fuera de Córdoba.

El manganeso atraviesa un proceso de fuerte revalorización internacional impulsado por la industria de baterías de ion-litio. Actualmente es un componente esencial en las baterías NMC (Níquel-Manganeso-Cobalto), utilizadas en vehículos eléctricos de media y alta densidad energética.

De acuerdo con proyecciones internacionales, el mercado global del manganeso superó los 30.000 millones de dólares en 2024 y podría acercarse a los 58.000 millones hacia 2033. En paralelo, la demanda de manganeso grado batería crece a tasas cercanas al 28% anual.

El interés global también tiene una fuerte dimensión geopolítica. China controla cerca del 95% de la producción mundial de sulfato de manganeso de alta pureza, insumo indispensable para la fabricación de materiales catódicos avanzados. Esa concentración genera preocupación creciente en Estados Unidos, Europa e India, que ya incorporaron al manganeso dentro de sus listados de minerales críticos estratégicos.

En ese contexto, cualquier depósito de manganeso fuera de la órbita china empieza a ganar relevancia potencial en términos de seguridad de suministro.

Sin embargo, el desarrollo del distrito cordobés convive con un límite regulatorio importante. La Ley Provincial 9526, sancionada en 2008 y ratificada judicialmente en múltiples instancias, prohíbe la minería metalífera a cielo abierto y el uso de determinadas sustancias químicas en procesos extractivos.

Aun así, distintos actores del sector sostienen que el caso del manganeso del norte cordobés presenta particularidades que podrían encuadrarse dentro de esquemas compatibles con la normativa vigente. La explotación histórica fue subterránea y artesanal, mientras que la planta de Pozo Nuevo utiliza concentración gravitacional sin químicos como cianuro o ácido sulfúrico.

Por ahora, el distrito permanece en una especie de pausa productiva. Pero el escenario internacional empieza a modificar la ecuación. Lo que durante décadas fue visto como un recurso marginal, hoy aparece alineado con una de las cadenas industriales más dinámicas del mundo: la de las baterías y la transición energética.

La discusión ya no pasa únicamente por la existencia del recurso, sino por la capacidad de transformar ese potencial geológico en un proyecto productivo viable, ambientalmente compatible y conectado con una demanda global que no deja de crecer.

Fuente: Más Energía / Redacción TE.

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