El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) y el aumento de las tensiones entre las principales potencias globales serán factores determinantes para el futuro de la energía. Así lo sostuvo Shell en su informe The 2026 Energy Security Scenarios: Challenges to the transition, donde analiza cómo podrían evolucionar los sistemas energéticos en un mundo atravesado por la urgencia climática, la competencia económica y los desafíos en materia de seguridad.
En un escenario global cada vez más cercano a superar el umbral de 1,5 °C de aumento de temperatura respecto de los niveles preindustriales, los países buscan sostener el crecimiento económico, garantizar el abastecimiento energético y preservar su competitividad. En ese contexto, la petrolera británica identifica dos grandes fuerzas que influirán en la transición energética: el impacto de la IA y la fragmentación del orden internacional.
El informe no propone predicciones cerradas, sino tres escenarios posibles que exploran distintas trayectorias del sistema energético mundial: Archipiélagos, Surge (Oleada) y Horizon (Horizonte), cada uno con implicancias diferentes para la reducción de emisiones y el desarrollo tecnológico.
La IA como motor del cambio energético
El escenario Surge describe un mundo en el que la inteligencia artificial impulsa un nuevo ciclo de crecimiento económico y una transformación acelerada de la infraestructura energética. Durante la década de 2030, la IA se convertiría en un pilar clave para los sistemas tecnológicos globales, aunque también incrementaría de manera significativa la demanda de energía.
Según Shell, este avance permitiría acelerar la producción y el despliegue de tecnologías energéticas modulares, como la energía solar fotovoltaica, las baterías para redes eléctricas, la electrólisis de hidrógeno y las bombas de calor. Ese proceso favorecería una electrificación más rápida de la economía y una reducción de las emisiones de CO₂ desde comienzos de la década de 2030.
Sin embargo, incluso en este escenario dinámico, el objetivo de emisiones netas cero recién se alcanzaría hacia 2080, y para el año 2100 la temperatura global se ubicaría cerca de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales.
Un mundo fragmentado y una transición desigual
El escenario Archipiélagos plantea un futuro dominado por la fragmentación política y la pérdida de cooperación internacional. En este contexto, los países priorizarían su seguridad nacional y sus intereses estratégicos, lo que derivaría en menores niveles de crecimiento económico y una transición energética más lenta y desigual.
Shell señala que esta tendencia se profundizó tras la crisis financiera de 2008, la pandemia de 2020 y la invasión rusa a Ucrania en 2022. Para fines de la década de 2020, las economías desarrolladas enfrentarían una mayor competencia comercial, un debilitamiento de su liderazgo global y crecientes tensiones militares, en un escenario de restricciones fiscales.
El rol de China aparece como central, al consolidarse como líder tecnológico y principal proveedor de infraestructura eléctrica, especialmente en energía solar y almacenamiento. Aunque no desplazaría a Estados Unidos como potencia hegemónica, sí modificaría las reglas del comercio, la tecnología y la diplomacia. En este escenario, la transición energética continuaría, pero sin que la meta de emisiones cero para 2050 sea prioritaria.
¿Es posible un camino compatible con el clima?
El tercer escenario, Horizon, se enfoca en identificar qué condiciones serían necesarias para lograr la neutralidad de carbono en 2050 y limitar el calentamiento global a 1,5 °C hacia fines de siglo. Para Shell, este camino requeriría un marco político integral, un fuerte respaldo social y decisiones inmediatas.
El informe reconoce que los objetivos del Acuerdo de París de 2015 no se cumplieron, en gran parte porque la política energética global priorizó la estabilidad de precios y el suministro. Para revertir esa tendencia, sería clave una mayor presión ciudadana sobre los gobiernos, especialmente por parte de las generaciones más jóvenes, que impulse políticas climáticas más ambiciosas.
Aun así, la compañía advierte que los esfuerzos actuales son insuficientes y que alcanzar este escenario podría no ser técnicamente viable sin una intervención estatal mucho más profunda.
El lugar de Argentina en el nuevo mapa energético
Si bien el informe no hace referencias directas a la Argentina, Shell considera que el país podría beneficiarse de la demanda internacional de energía, en particular en el segmento de los hidrocarburos. La proyección apunta a un rol protagónico en la producción regional de gas natural, con iniciativas de exportación a gran escala como Argentina LNG, liderado por YPF, y proyectos privados como los impulsados por Southern Energy.
A esto se suma la consolidación del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), clave para la exportación de crudo. A nivel global, Shell estima que la demanda de petróleo crecerá entre 3 y 5 millones de barriles diarios hasta la década de 2030, para luego iniciar un descenso gradual, mientras que el consumo de gas aumentaría cerca de un 10% hasta 2040.
La inversión anual en hidrocarburos ronda los 550.000 millones de dólares y, según la compañía, se mantendrá durante las próximas décadas, aunque con una condición clara: solo los proyectos más competitivos en costos, riesgos e intensidad de carbono lograrán atraer capital.
Fuente: Diario Río Negro/Redacción TE.




