En Necochea, una escuela pública logró lo que hasta ahora no existía: poner en marcha el primer parque minieólico escolar del mundo. La iniciativa nació en la Escuela Técnica Nº 1 “Ing. Mario A. Elpuerto”, donde docentes y estudiantes de último año desarrollaron un sistema híbrido que combina energía eólica y solar para abastecer parte del edificio con electricidad generada en el propio predio.
El proyecto funciona con dos aerogeneradores. Uno fue adquirido por la institución y el otro construido íntegramente por los alumnos con materiales reciclados. En conjunto, el sistema alcanza una potencia de 0,7 kW y actualmente ilumina dos aulas. La meta es ampliar la capacidad para cubrir la demanda energética de toda la escuela.
La experiencia comenzó en 2018, cuando la institución compró un aerogenerador de 300 watts para uso didáctico en las tecnicaturas de Energías Renovables y Electrónica. Con el tiempo, la empresa Genneia donó un tablero que permitió almacenar la energía generada y utilizarla de manera eficiente. En 2024, docentes y estudiantes instalaron el equipo en el exterior del edificio para alimentar un aula. Un año después, decidieron ir más allá: fabricar su propio aerogenerador, de 400 watts, reutilizando piezas en desuso.
La torre que sostiene el nuevo equipo era parte de una antena de radio abandonada. También recuperaron componentes de un banco de ensayo para diseñar el rotor y las aspas. La lógica fue clara: aplicar conocimientos técnicos, reducir costos y apostar por la economía circular en un contexto de restricciones presupuestarias para la educación técnica.
El sistema funciona de manera inversa a los modelos tradicionales conectados a red. Prioriza el uso de energías renovables y deja la electricidad convencional como respaldo. Si no hay viento, interviene la energía solar; si el cielo está cubierto, el viento suele compensar. En una ciudad costera como Necochea, la complementariedad climática favorece el esquema.
Además del impacto energético, la experiencia tuvo un fuerte valor pedagógico. Los estudiantes no sólo estudiaron cómo funcionan las energías limpias, sino que participaron en su diseño, construcción e implementación real. La práctica fortaleció habilidades técnicas, trabajo en equipo y confianza profesional, en un contexto marcado por años complejos tras la pandemia.
El reconocimiento obtenido trascendió la escuela: las autoridades provinciales definieron que la institución, junto con el Centro de Formación Profesional Nº 402, será sede del primer Centro Regional de Energías Renovables.
Mientras a nivel internacional, en la COP28, los países acordaron avanzar hacia el abandono progresivo de los combustibles fósiles y acelerar la expansión de energías limpias, la experiencia de esta escuela técnica muestra cómo la transición energética también puede construirse desde abajo, con formación pública, innovación local y compromiso comunitario.
El objetivo inmediato es claro: iluminar todo el establecimiento con energía propia. El horizonte, más amplio, apunta a formar técnicos capaces de liderar una transformación energética que reemplace los combustibles fósiles por fuentes limpias y sostenibles.
Fuente: Tiempo Argentino/Redacción TE.




