Mientras el conflicto en Medio Oriente escala y se profundiza la confrontación entre Irán, Israel y Estados Unidos, el presidente argentino Javier Milei volvió a reafirmar su alineamiento sin matices con las potencias occidentales. En las últimas horas, replicó un mensaje del empresario Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre, quien celebró públicamente los ataques de EE.UU. e Israel contra instalaciones nucleares iraníes como “un gran día para la civilización occidental”.
La respuesta del presidente no fue neutral: avala y amplifica un posicionamiento geopolítico explícito, que rompe con la tradición diplomática argentina de equilibrios multilaterales y expresa una nueva fase de alineamiento ideológico sin condicionamientos. En su primer año y medio de mandato, Milei ha realizado más de una decena de viajes al exterior, con foco prioritario en Estados Unidos e Israel, consolidando vínculos con sectores de poder económico, político y religioso de esos países.
Este enfoque, que sus seguidores celebran como parte de una “doctrina occidentalista”, genera profundas divisiones dentro de la sociedad argentina. Para muchos analistas y sectores sociales, el “hiperalineamiento” de Milei aumenta los riesgos de arrastrar al país a conflictos ajenos, especialmente considerando los antecedentes de dolorosos atentados ocurridos en el país como los de la AMIA (1994) y la Embajada de Israel (1992), cuyos orígenes están vinculados a la tensión entre Irán e Israel.
Además del plano simbólico y diplomático, este posicionamiento tiene efectos económicos, estratégicos y sociales. Limita la posibilidad de desarrollar vínculos equilibrados con potencias como China, Rusia o países del bloque árabe, con los que Argentina mantiene intercambios comerciales clave. Y en el plano interno, acentúa una grieta cultural y política, donde la política exterior se convierte en un nuevo eje de polarización.
Mientras tanto, actores del mundo empresarial como Galperin replican esa visión desde el sector privado, alineando públicamente la narrativa corporativa argentina con la de las potencias militares más activas del planeta. Una postura que consolida poder, pero también tensiona el principio de autonomía soberana en política internacional que tradicionalmente defendió la Argentina.




