La inestabilidad en Medio Oriente volvió a sacudir los mercados energéticos globales y aceleró una discusión que Europa creía saldada: el rol de la energía nuclear en su matriz futura. En ese contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció que el bloque cometió un “error estratégico” al relegar esta fuente en los últimos años.
Lejos de plantear una sustitución de las energías limpias, Bruselas promueve ahora un esquema complementario: renovables para la generación variable y nuclear como base estable del sistema. En ese marco, Von der Leyen destacó el potencial de los reactores de nueva generación, en especial los pequeños reactores modulares (SMR) y los avances en fusión nuclear.
Además del aporte energético, la apuesta tiene un componente industrial. La Comisión busca posicionar a Europa como exportadora de tecnología nuclear avanzada, un segmento de alto valor agregado en el que compiten potencias como Estados Unidos, China y Rusia.
Para impulsar este objetivo, el bloque anunció un fondo de 200 millones de euros destinado a innovación nuclear, financiado a través del sistema europeo de comercio de emisiones (ETS), que grava a las industrias por sus emisiones de carbono.
Francia encabeza el relanzamiento nuclear europeo. Su plan energético 2026-2035 contempla la construcción de al menos seis nuevos reactores EPR hacia 2050. Actualmente, el país cuenta con 57 reactores en operación que generan más de dos tercios de su electricidad.
En paralelo, la empresa estatal EDF avanza con el programa “Grand Carénage”, orientado a extender la vida útil de las centrales existentes hasta los 60 años, asegurando así la continuidad del suministro.
Sin embargo, uno de los principales desafíos es el abastecimiento de uranio. Europa depende en gran medida del exterior, con Rusia concentrando cerca del 45% de la capacidad global de enriquecimiento. A esto se sumó la pérdida de Níger como proveedor clave tras el golpe de Estado de 2023, lo que obligó a Francia a diversificar acuerdos hacia países como Kazajistán, Uzbekistán y Mongolia.
El renovado interés por la energía nuclear no es homogéneo, pero sí creciente. En Europa Central y del Este, varios países avanzan con nuevos proyectos:
- República Checa adjudicó a la surcoreana KHNP la construcción de dos reactores en Dukovany.
- Hungría mantiene su alianza con la rusa Rosatom para ampliar la central de Paks, aunque diversificó el suministro de combustible.
- Polonia impulsa su primera central nuclear con tecnología estadounidense AP1000.
- Eslovaquia evalúa un nuevo reactor en Jaslovské Bohunice junto a Westinghouse.
- Bulgaria proyecta ampliar Kozloduy con dos nuevas unidades.
- Rumania avanza en Cernavoda con tecnología canadiense CANDU.
Este movimiento se da en paralelo a un reordenamiento geopolítico del sector. La guerra en Ucrania marcó un quiebre: Finlandia canceló su acuerdo con Rosatom, evidenciando el riesgo de dependencia tecnológica y energética.
A nivel global, hay más de 60 reactores en construcción, principalmente en Asia, donde China y Rusia lideran la expansión. Europa, en cambio, busca recuperar terreno combinando seguridad energética, reducción de emisiones y desarrollo tecnológico.
El giro no implica un abandono de la agenda verde, sino una redefinición. La nuclear vuelve a ser vista como una herramienta clave para garantizar suministro estable en un contexto de creciente electrificación y volatilidad geopolítica.
Así, la crisis en Medio Oriente no solo tensiona los precios de la energía: también reconfigura decisiones estratégicas. Y en ese tablero, Europa parece decidida a darle una segunda oportunidad al átomo.
Fuente: DEF online/Redacción TE.




