La creciente demanda global de minerales críticos, impulsada por la transición energética y la transformación de las cadenas de suministro, está redefiniendo el mapa de alianzas internacionales. En este contexto, Argentina y Turquía comienzan a identificar en el sector minero un campo estratégico para ampliar sus vínculos económicos, combinando el potencial geológico argentino con las necesidades industriales del país euroasiático.
Argentina atraviesa una etapa de expansión en su industria minera. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Minería de la Nación, el sector cerró 2025 con exportaciones récord por US$6.037 millones, lo que representó un crecimiento del 29,2% interanual y cerca del 7% de las exportaciones totales del país.
Actualmente, la estructura exportadora se apoya en dos grandes ejes. El oro continúa siendo el principal producto minero argentino, con ventas externas por US$4.078 millones, equivalentes a aproximadamente el 68% del total del sector. En paralelo, el litio es el mineral que muestra la mayor dinámica de crecimiento: en 2025 las exportaciones alcanzaron US$905 millones, con un incremento del 40,3% respecto al año anterior, impulsado por la puesta en marcha de nuevos proyectos que elevaron a siete las minas operativas en el país. La plata, por su parte, representa alrededor del 11% de los envíos, consolidando el peso de los metales preciosos mientras el sector espera el desarrollo de grandes proyectos de cobre.
Mientras Argentina fortalece su rol como proveedor de minerales estratégicos, Turquía se consolida como una economía industrial con una creciente necesidad de recursos minerales importados. Según datos del Instituto de Estadística de Turquía (TÜK) y del Observatorio de Complejidad Económica, las importaciones turcas de productos minerales alcanzan US$36.300 millones anuales. Entre sus principales proveedores se encuentran Rusia, Azerbaiyán, Estados Unidos, Kazajistán e Irak. En América Latina, Brasil sobresale como exportador de hierro, mientras que Chile abastece óxidos e hidróxidos de litio.
Entre los insumos más demandados por la industria turca se destacan el carbón, el mineral de hierro y el oro no monetario. Sin embargo, el oro y el litio adquieren un carácter particularmente estratégico por su uso en sectores industriales de alto valor agregado.
En el caso del oro, Turquía posee una de las industrias de joyería y refinación más importantes del mundo, actividad que concentra cerca del 38,9% de sus importaciones de este metal.
El litio, en tanto, ocupa un lugar central en los planes de desarrollo tecnológico del país. Turquía proyecta alcanzar una capacidad de producción de baterías de 80 GWh para 2030, impulsada principalmente por el desarrollo de la marca nacional de vehículos eléctricos TOGG. Las estimaciones indican que la producción de unos 250.000 vehículos eléctricos por año requerirá cerca de 1.500 toneladas de litio, considerando que cada unidad utiliza entre 6 y 7 kilogramos del mineral.
Un ejemplo del avance industrial turco es Aspilsan Enerji, empresa vinculada a la Fundación de las Fuerzas Armadas Turcas. Su planta ubicada en Kayseri produce alrededor de 21 millones de celdas cilíndricas de ion-litio por año, lo que implica una demanda anual estimada de entre 150 y 300 toneladas de litio. Este tipo de necesidades industriales de gran escala refuerza la importancia de contar con proveedores estables, un espacio donde Argentina puede desempeñar un rol relevante.
El potencial geológico argentino aún presenta amplias oportunidades de expansión. Estimaciones del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) indican que el país podría contar con recursos no descubiertos de cobre que triplican los actuales, mientras que el potencial de oro y litio podría duplicarse, lo que refuerza la importancia de ampliar la exploración responsable.
En este contexto, empresarios turcos han comenzado a mostrar interés en proyectos mineros en Argentina. Provincias como Catamarca y San Juan aparecen como destinos atractivos para inversiones orientadas a garantizar el acceso a minerales críticos.
Desde la Cámara de Comercio Argentino Turca destacan que, además del flujo de capitales, existe un espacio significativo para la cooperación técnica y científica. La experiencia de Turquía en procesos industriales, refinación y manufactura podría complementarse con la capacidad científica y el potencial geológico argentino.
El fortalecimiento de estos vínculos no solo implica nuevas oportunidades comerciales, sino también la construcción de alianzas estratégicas de largo plazo. Con reglas claras y mayor integración económica, Argentina podría posicionarse como un socio clave para el abastecimiento de minerales estratégicos que demandan las industrias del futuro.
Fuente: Ámbito, por Özgür Yücel Demir, Presidente de la Cámara de Comercio Argentino Turca (CCARGTUR). /Redacción TE.




